La humanidad ha sufrido a lo largo de la historia, tres grandes heridas narcicistas. La primera de la mano de Copérnico cuando se descubrió que la tierra no es el centro del universo. La segunda fue gracias a Darwin cuando describió la evolución del hombre a partir del simio. Y la tercera, sobre la cual Freud centró su atención, fue descubrir que, en realidad, no somos dueños de nuestros actos, que el inconciente nos gobierna. Se les dice heridas narcicistas porque nos corre del centro: no gira todo alrededor nuestro, no somos una especie mágicamente instalada en la tierra y no somos dueños de nuestros propios actos (no somos tan libres como pensamos). Lo que no quita que seamos responsables de cada acto que realizamos, que cada ser humano sea un individuo único e irrepetible...
Pero hay otra palabra que se usa mucho en psicoanálisis y es "sujeto". La palabra "sujeto" ha llegado a nosotros a través del latín "subiectum". Ésta, a su vez, es la traducción literal de êpokeÛmenon. Sujeto es, así, el encontrado bajo (êpñ, sub) la condición de yecto (keÛmenon, iectum). Ser yecto es estar condicionado.
Ahora bien, dentro de este condicionamiento existen posibilidades y una de éstas es lograr un "cambio de posición" respecto de éste determinismo que acarriamos y también está la posibilidad de lo nuevo (Tyché, en palabras de Lacan) y ese es el mayor rango de libertad con el que contamos... por suerte o por desgracia...
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